La guitarra



La guitarra


(soneto nerudiano)

La guitarra intranquila cargo sobre mis hombros,

los cuales sostienen todas nuestras fantasías,

las cuerdas delirantes ven gastarse

el brazo de madera, el clavijero.



La guitarra inquieta coge tu brillo,

mientras mis manos buscan la cadencia

de curvas de nivel, los andamiajes

de tu cuerpo curioso y tan sereno.



La guitarra tranquila siempre ve:

la mínima caricia de mi vista,

la mínima sentencia de mi noche.



El rotundo esperar desesperado:

Llegó como esas gotas, las de siempre

regadas en tus cejas, en tus bocas.





©José Ángel Pineda, 26 de noviembre del 2017

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