Cuento de trochas



A Eric Nepomuceno

Cuento de trochas
Autor: José Angel Pineda

Casi logro entender

esas verdades directas

evolucionadas, a quemarropa

lanzadas son tus letras en impromptu

fantasías...

con esa improvisación que encantan

las realidades de Chopin, de Schubert,

y las melodías

cuando salen con talante de un talento

desordenado, inconcluso, imperativo

como el café instantáneo, como la violenta

razón fascista del verbo creer, del verbo amar

del verbo leer- entre una cita de Borge

y su extracto crítico, apasionado

y tirano desde adentro,

y repite con vehemencia;


¡vaya lea cabrón!

lea, ame, cree…

sobre todo, lea, como sea, pero lea

bastante hasta cansarse y luego piense

en cada letra…y tendrá una visión

y aparece un biombo de pobre satisfecho

de milagros de gente, de remiendos

y parches, en un calzón cualquiera

remendado con trozos de banderas

y amanecidas en sonrisas de esqueletos

cabalgando con aforismos parabólicos.
Y la metáfora hiperbólica:

¿qué dices del sujeto sin nombre, del traidor

de sí mismo?

_Un hombre sin nombre, son los nombres

de todos los actores de esa Obra maestra

Y que ahora, te excusas, - yo no fui- yo tampoco

-Y el imperativo de leer y de amar (Borges)

¡qué mandas a escuchar, los libros!

¿entonces el verbo escribir- es tu remanso?

¿Y cuando escribes?
¿qué pasa?

- Sé que no oyes música en tus letras…

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