Soneto caprichoso



Soneto caprichoso


Los caprichos del clima son ardientes,
Y fogosa la rosa que se enciende,
las espinas le brotan, y desprende,
desde su demencia clara, a las gentes.


Los caprichos de una voz de dulzura,
lanza dardos al centro de los cuerpos,
que envenenan y matan anticuerpos.
¿Por qué la voz de agradable ternura?


Los caprichos de mentir y el secreto
del amor, se presenta en el dolor,
ilusión que corona por decreto.


Los caprichos, descaro truquiflor,
no engañan ignorancias del Soneto,
ni la vivacidad de un dictador.

                      Joan Pined

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