Tenía placeres increíbles




Tenía placeres increíbles

 

Tocaba la guitarra, mi voz

acompañaba era

por las calles de silencios

y las casas que pasaban

como vagones

sin ruidos


aceitadas clavijas

y el afinado de primera

cuerdas, maderas, dedos

garganta sedienta de veneno

y uno que otro alarido

en el sereno…




y algún desafinado

que era mi yo, posible

de encontrar una noche

placentera…

que siempre o casi

se daba la cantata

y entonces era feliz

ninguna mujer se enamoró

del trovador, mi yo, posible,

al menos todas eran mías

esas noches.

y de mi sé de cierto, que no

pero del canto sí…

y eran mías todas las mujeres.

esas noches.

                                                   ©José Ángel Pineda.

 


1 comentario: